· Alicante. Comunidad Valenciana. España. · Superficie: 201,27 km2. · Altitud: 0 metros sobre el nivel del mar. · Distancias Kilométricas: v Valencia-Alicante: 182 Km. v Madrid- Alicante: 432 Km. v Barcelona- Alicante: 544 Km. · Evolución de la población:
Núm. de
habitantes (1999): 272.432 ·
Distribución de
la población: Ver gráfica poblacional de Alicante y su distribución por edad
y sexo. El emplazamiento de Alicante, en un área de convergencia de caminos naturales ubicado frente al mar y protegido por varios cerros de gran valor defensivo, fue decisivo para propiciar los primeros asentamientos humanos. Existen vestigios de la existencia en la Edad del Bronce de un yacimiento ubicado en la Serra Grossa datado en el segundo milenio a. de C. Igualmente hay numerosos restos de la época ibérica resaltando los de la Albufereta con la destacada ciudad fortificada del Tossal de Manises, constatándose una ocupación desde el siglo IV a de C. hasta los siglos III y IV d. de C. También está constatada la existencia de la ciudad romana denominada Lucentum. La primera ciudad musulmana se desarrolla al pie del Benacantil por motivos defensivos. Alicante se convirtió en un punto de aprovisionamiento marítimo y se gestó un floreciente comercio. En el año 1013 Alicante es incluida en la Taifa de Almería, más tarde en el año 1038, durante la soberanía de Muyahid, pasa a la Taifa de Denia para posteriormente (1076) ser absorbida por la de Zaragoza. En 1239 Zayyan Ibn Mardanish, señor de Alicante, ofrece a Jaime I el señorío de la ciudad a cambio de la isla de Menorca, lo que el rey aragonés no acepta. En 1244 por el tratado de Almizra, se fijan las fronteras entre Castilla y Aragón quedando Alicante incluida entre los territorios castellanos. Tres años después, en 1247, la ciudad fue conquistada a los musulmanes por Alfonso X construyéndose así la "Vila Nova" en contraposición con la "Vila Vella" musulmana. En 1257 Alfonso X concede a la villa de Alicante los fueros y franquezas "que han los fijosdalgos de Toledo" al tiempo que exime a sus moradores de numerosas cargas fiscales. En 1265, para ayudar a su yerno el Rey Alfonso a reducir la insurrección de los mudéjares murcianos, Jaime I viene a Alicante. En 1296 Jaime II incorpora definitivamente la villa de Alicante al Reino de Valencia. En 1356 Pedro I de Castilla ocupa la villa de Alicante durante la (Guerra de los dos Pedros) y la incorpora a su reino. Un mes más tarde, el 8 de septiembre, Pedro IV de Aragón la recupera y confirma todos sus fueros y privilegios, como prometiéndose a mantener unidos a la Corona a perpetuidad tanto la villa como el castillo En 1490, Fernando II el Católico eleva la villa de Alicante al rango de ciudad. En el siglo XVI se produjo un gran crecimiento poblacional debido al desarrollo del comercio, artesanía de exportación y a una próspera agricultura local. En esta época se inició la construcción de dos arrabales extramuros: el marítimo de San Francisco y el Interior de San Antón. La ciudad duplicó sus habitantes de 1510 a 1609. En los siglos XVII y XVIII el puerto dinamiza las transformaciones urbanísticas de la ciudad, se habilita para comerciar con América y se crea un consulado de Mar y Tierra para fomento de la navegación y la agricultura. En 1797 Alicante ya contaba con veinte mil habitantes. El siglo XIX se caracteriza por la demolición de las murallas, la creación de nuevos barrios y la llegada del ferrocarril. Pero es en el siglo XX cuando la intensificación de las actividades secundaria y terciaria, su consolidación como centro de servicios y el desarrollo turístico provocan el desarrollo actual de la ciudad. (Fuente: Excmo. Ayuntamiento de Alicante) Las Hogueras de Alicante representan la esencia del carácter abierto y pasional mediterráneo de los alicantinos que se sintetiza en el rito de la Noche de San Juan, un rito ancestral que hoy se vive de una forma más rica en cuanto a sus manifestaciones y formas sin perder ni un ápice de su base popular. Durante unos días la calle es ocupada por la Fiesta. La gente abandona su vida cotidiana y se traslada a la calle, espacio abierto y polivalente donde la ciudad convive. Además de la hoguera, o monumento fogueril, que es el hito visual, la barraca es el punto de reunión donde suceden todos los actos de la Fiesta, tanto sociales como gastronómicos, donde no faltan les bacores y la coca en tonyina. Como Fiesta que ensalza la fecundidad, la mujer es otro elemento clave de las Hogueras, tanto por estética como por esencia; la Bellea del Foc representa durante todo un año a la mujer alicantina, llegando a ser un personaje con rango de ídolo popular reconocido por grandes y chicos. Esta simpatía se hace extensiva a los desfiles donde la presencia de las bellezas, es aplaudida efusivamente por el público que bordea las calles.
En este rápido recorrido de presentación llegamos al acto final de Hogueras, la Cremà, noche mágica que culmina con otro ritual ancestral como es amanecer bañándose en el mar. El broche de fiesta lo pone el Castillo de Fuegos artificiales en la Playa del Postiguet, donde miles de personas se reúnen para disfrutar de cinco espectáculos que ofrecen en concurso, empresas nacionales e internacionales de pirotecnia. La figura central de las Hogueras merece un comentario más extenso. Definido por constructores y artistas como "arte efímero", el monumento está construido con materiales muy perecederos, fácilmente inflamables: cartón, madera, papel, pintura,... Magníficas esculturas que han tardado meses en realizarse, están concebidas para convertirse fugazmente por el fuego en ascuas, en cenizas. Tiene la Semana Santa alicantina no sólo la cualidad de belleza, sino un personal acento. La rica conjunción de canto de saetas, de la presencia de manolas (mujeres ataviadas con peineta y mantilla), de bandas de música donde la corneta y el tambor adquieren el peso solemne de la gravedad, de elegantes y sobrios estandartes, dan custodia y preeminencia a unos engalanados pasos impresionantemente "bailados" por los costaleros, que se acompañan de cofradías vestidas de los sobrios colores del dolor.
El primero de estos días tienen lugar la Procesión de la Santa Cruz, que, desde el barrio con el mismo nombre situado en la ladera del monte Benacantil, hace fluir en bajada los pasos del Cristo Gitano y el Descendimiento a través de las estrechas y enrevesadas calles del Casco Antiguo hasta el centro urbano. En este descenso es impresionante el esfuerzo y la habilidad de los costaleros, que luego deben ascender, con no menor ahínco, para devolver las imágenes a la ermita del Barrio de Santa Cruz. La noche del Jueves santo, preludio de la Crucifixión, tiene como protagonista la imponente Procesión del Silencio, que muestra como figuras centrales dos dramáticas imágenes de incalculable valor artístico: el Cristo de la Buena Muerte, obra de Nicolás de Bussi (s. XVII) y la Virgen de las Angustias, obra de Francisco Salzillo (s. XVIII). Estas imágenes son acompañadas de la incierta luz de las velas, la vibrante solemnidad de trompetas y timbales, la dolorosa ruptura del silencio con la saeta que comienza y el intenso aroma del incienso, las flores o la cera quemada. La romería al monasterio de la Santa Faz, con casi cinco siglos de antigüedad, es la otra gran fiesta alicantina, siendo ésta más intimista y sosegada que las Hogueras de San Juan, en la que el visitante puede departir con los alicantinos en un contexto casi familiar. Este sosiego, sin embargo, se traduce en casi 300.000 personas que ocupan los ocho kilómetros que unen la Concatedral de San Nicolás, punto de partida de la romería, hasta la llegada al monasterio donde se acoge la reliquia motivo de fervor, peticiones y anhelos para los romeros. La fecha de celebración es móvil, ya que se elige el segundo jueves
después del Semana Santa, y según años, puede variar en un mes de diferencia.
Hay que madrugar, porque la distancia es larga y porque el Ayuntamiento reparte
miles de cañas con romero para peregrinos, y aún así no hay para todos. Casi
al despuntar el día ya están reunidos los representantes de estamentos
sociales, religiosos y políticos de la ciudad, casi todos vestidos con blusón
negro y pañuelo al cuello, éste con los colores de la ciudad, blanco y azul
celeste. El recorrido se hace a lo largo de un vía crucis por la nacional 340 que ese día queda cortada al tráfico rodado. En puntos acordados por la tradición se van haciendo paraetas, siendo una de las más concurridas la municipal, en la que se reparten de forma gratuito vino de la tierra y rollitos caseros de anís. La llegada al caserío de la Santa Faz es una pugna por conseguir un sitio desde donde presenciar la apertura del camarín que acoge el sagrado lienzo, realizado en fina gasa, en el que está plasmada, según la tradición, la "imagen" de la faz de Cristo recogida por la virgen Verónica. Tras este último acto religioso, el monasterio se llena de plegarias, de murmullos, de cirios encendidos y exvotos colocados por fieles que piden algún favor generalmente para un familiar. En los alrededores la fiesta se sucede entre comidas al aire libre y visitas a los cientos de puestos de venta ambulante que llegan para la ocasión; la compra de un objeto de artesanía forma parte del ritual. Al caer la tarde, el goteo de romeros regresando a pie a la ciudad se sucede hasta el anochecer cerrando esta cita hasta el año próximo. Ya queda cerca la noche de San Juan La fiesta de Moros y Cristianos se ha convertido en una de las más representativas de la vida social alicantina, consiguiendo ser, en conjunto, una atractiva mezcla de religiosidad, estricta etiqueta y controlado festival callejero. Ese es el caso de San Blas, Villafranqueza, El Rebolledo, Altozano y José Antonio, donde las calles son ocupadas por vecinos y amigos dispuestos a pasar unos días de alegría compartida entre música, desfiles y pólvora. La
amistad es un componente esencial de la fiesta de Moros y Cristianos. Sin ese
La fiesta alicantina, en general, sigue la siguiente pauta argumental: el "Avís de festa" (aviso de fiesta) es un desfile donde los bandos -cristiano y moro- con sus filaes o comparsas visten el traje de gala a modo de publicidad directa para atraer al público. Con la "Nit de l'Olla", en la que se realiza el pregón, comienza la fiesta en kábilas y cuartelillos; a partir de ese momento ningún festero irá a su casa a menos que haya una causa mayor. Cada mañana con la "Diana" los festeros despiertan a los vecinos con un desfile informal donde no falta la música y las "despertàs" a ritmo de arcabucería. Además de estos actos mencionados, de carácter casi privado, las apariciones más vistosas se reservan para regocijo del público; son las "Entradas", donde la figura central del capitán encabeza los desfiles de cada bando acompañándolas más de las veces por cabos y abanderadas y las "Embajadas" que representan la lucha dialéctica por la toma de la plaza a la que sigue una batalla de arcabucería o "Alardo". El fin de fiesta lo pone la "Retreta", un cierre humorístico, casi carnavalesco, donde los festeros, tras las exigencias del protocolo, tienen licencia para divertirse. v 16 al 19 de Marzo: Barrio de Villafranqueza v 9 al 12 de Junio: Barrio de San Blás v Primer fin de semana de Julio: El Rebolledo v 12 al 16 Agosto: Barrio Altozano v 24 al 28 Agosto: Barrio José Antonio Para mayor información os recomendamos visitar la Página Web Oficial de la Federación Alicantina de Moros y Cristianos Poco después de las Hogueras de San Juan, las Fiestas de Verano, que se
En esas noches de pleno estío, en las que resulta casi imposible conciliar el sueño, los alicantinos y visitantes, de todas las edades o gustos, toman la fresca con la posibilidad de escuchar un concierto -clásico, jazz o blues- , presenciar una obra de ballet o disfrutar de una pieza teatral. Estas jornadas culturales y musicales han ido adquiriendo cada vez más prestigio por la alta calidad de los artistas que a ellas concurren, de forma que en pocas ediciones, en el año 1999 será su tercera edición, ya tienen un reconocimiento y alcance internacional. Carnaval. Como preludio a las rígidas normas de la Semana Santa, con la Cuaresma de por medio, el Carnaval es la licencia para romper el orden social en una fiesta caracterizada por el exceso, pero sin llegar al caos. La ciudad entera se disfraza con la complicidad de todos, en la que cada uno se convierte en aquello que siempre quiso ser y nunca se atrevieron a manifestar. En esta mascarada, que resurgió por generación espontánea, participan incluso los lugares y espacios más representativos de la ciudad, ya que cada año varios de ellos son elegidos para asistir a la fiesta como convidados de piedra. Comienza el intenso festival con el ritual de la representación de los Autos de Don Carnal y doña Cuaresma, y converge en el ya tradicional Sábado Ramblero que transforma una de las principales arterias de la ciudad, y aledaños, en punto de reunión obligatorio del disfraz, la crítica y la chanza, lugar de transmutación en personajes arquetípicos del momento o en otros provenientes de las más personales ensoñaciones, dando cuenta de nuestra dispar realidad y naturaleza. La afluencia de gente es tal que casi resulta imposible entrar o salir del Barrio o la Rambla o viceversa. Aquí la música adquiere el protagonismo de ser no sólo el sonido que nos acompaña, sino que forma parte esencial de la danza de ilusiones y antifaces. Y así, con la breve intensidad de lo auténtico, la máscara y el maquillaje, el color y la deformidad, se sepultan hasta el año siguiente en el trascendental Velatorio y entierro de la Sardina, convenientemente acompañada en su cremación por el llanto de figuradas plañideras. En este acto final, todo el mundo se viste de negro, llora y porta velas en señal de luto por la pena al decir adiós a unos días sin el encorsetamiento de los prejuicios y las normas. Para calmar esa pena, se reparten rosquillas entre los asistentes al sentido Velatorio. También los niños tienen su Carnaval y para ellos se reserva el Domingo de Piñata, una jornada de juegos con grupos de animación, donde la figura central son las piñatas, bolsas con regalos que han de ser obtenidas mediante divertidas pruebas. Fiestas en barrios. Santa Cruz. Raval Roig. San Antón. Tabarca. Estos
cuatro barrios son representativos de ese Alicante entrañable, tradicional,
familiar, todavía no invadido por el neón y con cierto regusto de pasado
feliz. El Barrio de Santa Cruz, se sitúa en lo más alto de Alicante, colgada
de Benacantil, cerca del cielo. En este escenario se celebra la festividad de la
Cruz de Mayo, una manifestación
En la otra ladera del Benacantil se sitúa el Raval Roig, tradicional balcón marinero de la ciudad, que cambia de ritmo en septiembre con motivo de la festividad en honor de la Virgen del Socorro; juegos populares , cucañas, concursos gastronómicos y danzas devuelven ecos de un pasado reciente con toda la gracia de la tradición aprendida. También a los pies del Benacantil, pero mirando a la ciudad, está el Barrio de San Antón, donde cada 17 de Enero se celebra el Porrat de San Antón, con su bendición de animales y con la presencia de puestos callejeros de porrate, consistente en dulces artesanos y frutos secos. Tabarca es un punto y aparte que merece inexcusablemente una visita por su interés paisajístico, gastronómico y humano. En julio, en plena época turística la romería marítima en honor de la Virgen del Carmen da el tono solemne a tanto sol y sangría, en un acto emotivo donde la imagen de la virgen es motivo de una procesión en barcos en la que se recuerda a los marineros difuntos lanzando flores al mar entre cantos y salves marianos.
|
|
Última modificación:
13 de enero de 2013
|