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Apuntes: 

TEORÍA  Y  MÉTODO  EN  ENFERMERÍA  I.

 

BLOQUE IV.
EPISTEMOLOGÍA: LA REFLEXIÓN SOBRE LOS MODOS DE ACCESO AL CONOCIMIENTO.

El avance de la Ciencia a lo largo de la historia está marcado por grandes revoluciones, producidas principalmente por el hallazgo o explicación de sucesos naturales, la formulación de teorías y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Normalmente, estos grandes saltos están asociados a nombres como Aristóteles, Pitágoras, Galileo, Newton, etc., pero hay que reconocer que, sin menosprecio de estos genios de la humanidad, sus descubrimientos o teorías fueron también fruto de la cultura y del ambiente científico de su época.

Asimismo, no podemos olvidar la influencia que han tenido y tienen las corrientes filosóficas y religiones en las distintas civilizaciones; por otra parte, muchas personas piensan que cada paso dado por la ciencia sitúa al ser humano más cerca de dichas ideas filosóficas-religiosas.

La percepción, la intuición y la lógica son las tres armas utilizadas por el hombre para aumentar su dominio sobre la naturaleza. Como veremos el denominado método científico tiene tres variantes principales basados en estos tres instrumentos.

En este sentido, la percepción y la lógica son los conceptos extremos mientras que la intuición se situaría en medio; permitiendo esta última la formulación de teorías que superen en algunos casos las desarrolladas a través de la lógica y la percepción o de la combinación de ambas. En alguna medida toda teoría es una combinación de las tres.

EL MÉTODO CIENTÍFICO.

Los métodos deductivo, inductivo e hipotético-deductivo son los tres métodos a que se refiere la denominación genérica de método científico. Lo primero que nos llama la atención es el hecho de que los dos primeros tienen un nombre difícil de distinguir, puesto que en el ámbito lingüístico, pueden representar un sólo concepto con dos manifestaciones: razonamiento en una dirección o en la contraria, de lo general a lo particular o viceversa. Pero el problema, lógicamente, se deriva de la dificultad conceptual de separar ambos métodos de una forma clara; evidentemente los términos elegidos no ayudan a retener en la memoria los dos conceptos. Tampoco ayuda mucho la denominación del tercero. Si no fuese por esta dificultad, seguramente no sería necesaria esta parte de la exposición de la teoría.

Ambos métodos pueden ir de lo general a lo particular o viceversa, en un sentido o en el inverso. Ambos utilizan la lógica y llegan a una conclusión. En última instancia, siempre tienen elementos filosóficos subyacentes. Ambos suelen ser susceptibles de contrastación empírica. Aunque el método deductivo es más propio de las ciencias formales y el inductivo de las ciencias empíricas, nada impide la aplicación indistinta de un método u otro a una teoría concreta.

Para nosotros, sin pretender entrar en polémica en este tema, la diferencia fundamental entre el método deductivo y el inductivo es que el primero aspira a demostrar, mediante la lógica pura, la conclusión en su totalidad a partir de unas premisas, de manera que se garantiza la veracidad de las conclusiones, si no se invalida la lógica aplicada. Se trata del modelo axiomático propuesto por Aristóteles como el método ideal.

Por el contrario, el método inductivo crea leyes a partir de la observación de los hechos, mediante la generalización del comportamiento observado; en realidad, lo que realiza es una especie de generalización, sin que por medio de la lógica pueda conseguir una demostración de las citadas leyes o conjunto de conclusiones. Estas conclusiones podrían ser falsas y, al mismo tiempo, la aplicación parcial efectuada de la lógica podría mantener su validez; por eso, el método inductivo necesita una condición adicional, su aplicación se considera válida mientras no se encuentre ningún caso que no cumpla el modelo propuesto.

El método hipotético-deductivo o de contrastación de hipótesis no plantea, en principio, problema alguno, puesto que su validez depende de los resultados de la propia contrastación. Este método se suele utilizar para mejorar o precisar teorías previas en función de nuevos conocimientos, donde la complejidad del modelo no permite formulaciones lógicas. Por lo tanto, tiene un carácter predominantemente intuitivo y necesita, no sólo para ser rechazado sino también para imponer su validez, la contrastación de sus conclusiones.

Nosotros propondríamos, para estas tres variantes del método científico, la denominación de método deductivo, intuitivo reforzado y de contrastación, o cualquier conjunto de palabras que hagan referencia a su diferencial fundamental y no planteen problemas a la memoria lingüística. No obstante, en nuestra exposición, mantendremos la nomenclatura generalmente utilizada.

La Teoría General de la Evolución Condicionada de la Vida encaja perfectamente en una teoría basada en el método de contrastación de hipótesis.

Como hemos dicho anteriormente, toda teoría debe ser resistente a su refutación, sin embargo, una teoría que no puede ser refutada por ningún hecho concebible, no es científica. La imposibilidad de refutación de una teoría científica no es una virtud sino un vicio.

THOMAS S. KUHN (1922 - 1996)

La reflexión contemporánea sobre la ciencia puede ser narrada también en función de un hito admitido: la publicación, en 1962 de La Estructura de las Revoluciones Científicas, del filósofo estadounidense Thomas Samuel Kuhn.

Hay, pues, un período anterior a Kuhn y otro posterior. Decir ésto es usar lugar común, pero pocas veces un lugar común ha podido expresar tan apropiadamente el impacto intelectual de un conjunto de ideas. Para ser precisos, el fenómeno Kuhn no es simultáneo a la publicación del libro aludido. Tal vez, el hito que mejor manifiesta la ya innegable presencia y provocación de las tesis de Kuhn es la publicación de Criticism and the Growtb of Knowledge, en 1970, y que recoge las ponencias presentadas en el Coloquio Internacional de Filosofía de la Ciencia celebrado en 1965 en Londres, así como trabajos elaborados con posterioridad al tenor del coloquio. No hay modo de disimular que el asunto central de los debates es el libro de Kuhn, aunque no se diga formalmente. El hecho relevante está dado por quienes participan en la discusión, puntualmente o con posterioridad: Sir Karl Popper, Stephen Toulmin, Margaret Masterman, Paul Feyerabend, Imre Lakatos, y el propio Kuhn.

Para hacer argumentos con las mismas tesis de Kuhn, hacia finales de los años 60 su libro era una referencia obligada "aunque no necesariamente aplaudida" entre quienes eran reconocidos como "filósofos de la ciencia" por las diversas comunidades académicas. Todavia más, era un asunto de debate entre quienes eran reconocidos como las figuras más relevantes en el área. Lo que ocurrió después ya es sabido. Ningún libro de epistemología o de asuntos asociados deja de incluir a Kuhn en la bibliografía. Más aún, algunos de sus conceptos centrales se convierten en jerga obligada de una multiplicidad de autores de las más diversas disciplinas; el caso más notorio es, con seguridad, la del concepto de 'paradigma'.

Si se asume, en fin, que Kuhn divide claramente la historia de la epistemología en dos períodos diametralmente diferentes, es necesario recocer que con sus ideas se consagra en el escenario intelectual la tesis de que la ciencia es un hecho social y que resulta incomprensible sin el manejo de categorías de esa índole. El propio Kuhn cuenta que, de haber reescrito "La Estructura de las Revoluciones Científicas", no se habría centrado en el concepto de "paradigma" sino en el de "comunidad científica".

No hay que olvidar el punto de arranque de ese libro trascendental: la incongruencia entre la visión de la ciencia que es característica de los filósofos de la ciencia y la visión de la ciencia ofrecida por la historia de la ciencia. Esas dos narraciones no coinciden. Kuhn invitó reiteradamente a la mutua cooperación de esos dos tipos de abordaje.

Fallecido a los 73 años, luego de padecer de cáncer en los últimos tres o cuatro, Kuhn obtuvo los grados de magister y doctor en física en la U. de Harvard, en 1946 y 1949. Enseñó allí hasta 1956, año en que se convirtió en profesor de historia de la ciencia en la Universidad de California, en Berkeley. Entre 1964 y 1979 enseñó en Princeton. Ese último año se trasladó al Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde ejerció como profesor de filosofía e historia de la ciencia hasta 1991. Otras obras relevantes de su producción son La Revolución Copernicana (1957), La Tensión Esencial (1977), La Teoría del Cuerpo Negro y la Discontinuidad Cuántica, 1894-19I2 (1978)

IMRE LAKATOS.

Imre Lakatos nació en Hungría en 1922. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro de la resistencia. En 1947 fue designado para ocupar un alto puesto en el Ministerio de Educación húngaro. En 1950 fue arrestado por ser "un revisionista" y tuvo que pasar tres años en una prisión stalinista. En 1956 se enteró de que podría ser arrestado de nueva cuenta, lo que le hizo escapar a Viena y casualmente llegó a la London School of Economics and Political Sciences, de la Universidad de Londres. Allí hizo sus estudios de filosofía de la ciencia bajo el tutelaje de Sir Karl Popper. Fue profesor de la LSE desde 1960 hasta 1974, año en que repentinamente murió el 2 de febrero. 

A pesar de su relativamente corta carrera como filósofo de la ciencia, Lakatos ha tenido una gran influencia tanto en ciencias naturales como en ciencias sociales. Su trabajo es más conocido y reconocido como un valioso esquema para la evaluación del progreso (y/o degeneración) del conocimiento de cualquier área científica de investigación. 

Para Imre Lakatos: "Los criterios científicos utópicos, o bien crean exposiciones falsas e hipócritas de la perfección científica o alimentan el punto de vista de que las teorías científicas no son sino meras creencias enraizadas en intereses inconfesables".

Lakatos examina las debilidades del falsacionismo, contrastando la lógica interna con la posible confirmación empírica que la podría apoyar; dicho examen lo conduce a formular un metacriterio para evaluar al falsacionismo, de acuerdo a la lógica del criterio popperiano de demarcación. El metacriterio consiste, entonces, en la autoaplicación cuasi empírica del criterio falsacionista, en virtud del cual "el racionalismo crítico" distingue la ciencia de la pseudociencia, y éste será cuasi empírico porque sus instancias refutadoras serán provistas por la historiografía. Armado del referido metacriterio exigirá al falsacionismo que defina sus instancias falseadoras; es decir: demanda al falsacionismo popperiano que enuncie las instancias empíricas falsadoras de su teoría. 

En otras palabras: exige al falsacionismo que defina las consecuencias empíricas de su teoría, que su teoría sería incapaz de resistir, y, coherente con su lógica, se auto obligaría a abandonar su criterio de demarcación, si aquellas se presentaran.

Lakatos reflexiona sobre cuales podrían ser esas instancias que Popper, contraviniendo su metodología, no precisó. Sin embargo, considera un servicio de valor epistemológico dirimir el carácter falsable de la teoría de la ciencia de Popper, puesto que tal condición es necesaria para sostenerse dentro de la racionalidad científica. Lakatos, intentando razonar como lo haría Popper y respetando sus premisas, infiere que: "...una teoría de la racionalidad, o criterio de demarcación, ha de ser rechazada si es inconsistente con un "juicio de valor" básico y aceptado por la elite científica. Realmente esta regla metodológica (metafalsacionismo) parece corresponder con la regla metodológica (falsacionismo) de Popper, según la cual una teoría científica ha de ser rechazada si es inconsistente con un enunciado básico ("empírico") unánimemente aceptado por la comunidad científica. Toda la metodología de Popper reposa sobre la afirmación de que existen enunciados (relativamente) singulares sobre cuyos valores de verdad los científicos pueden alcanzar un acuerdo unánime: "sin tal acuerdo se crearía una nueva Babel y el soberbio edificio de la ciencias pronto se convertiría en ruinas".

Al extender el criterio falsacionista a este segundo nivel metafalsacionista (que ahora se requiere para poder someter a falsación al falsacionismo) se necesitan acuerdos de la comunidad científica que van más allá de la legitimación de los enunciados básicos que confrontaran a las teorías en calidad de potenciales falsadores; es menester un acuerdo más fundamental sobre la forma de discernir el progreso de la ciencia que opera sobre esa plataforma de enunciados básicos; propone que esta ha de ser la instancia (cuasi empírica) de la evaluación básica ejecutada por la comunidad científica. Luego, el metacriterio que postula Lakatos se enunciará así: "...sí un criterio de demarcación es inconsistente con las evaluaciones básicas de la elite científica, debe ser rechazado".

Ahora bien, si la evidencia histórica muestra que la manifiesta insuficiencia de una teoría condujo a la comunidad científica a declararla falsada y consiguientemente resultó excluida del corpus del conocimiento científico, entonces "en base a esa instancia básica" debe estimarse que el postulado falsacionista de Popper ha sido corroborado. Pero, si resulta que las teorías que reunían méritos para rechazarse continúan vigentes, contando con el beneplácito de la comunidad científica y, algunas de ellas, con el transcurso del tiempo, han llegado incluso a ser valoradas como auténtico progreso; entonces, de acuerdo a la confrontación con la base cuasi empírica, todo indicaría que debería decretarse la falsación del falsacionismo y, paralelamente, su marginación de la racionalidad científica. 

A juicio de Lakatos, en toda investigación científica se encuentran anomalías que bajo el prisma falsacionista ingenuo serían consideradas instancias refutadoras, pero, la actitud del científico, normalmente, es pasarlas por alto concentrándose en las posibilidades que le ofrece la heurística positiva de su investigación, confiando que más adelante, a la luz de nuevos descubrimientos, las incongruencias se aclararán.

En consecuencia, aceptando la evidencia histórica, Lakatos se propone construir un modelo de evaluación de la ciencia que sea compatible con la ciencia real en tanto: "...los criterios científicos utópicos, o bien crean exposiciones falsas e hipócritas de la perfección científica o alimentan el punto de vista de que las teorías científicas no son sino meras creencias enraizadas en intereses inconfesables". Obviamente, se desprende de esta constatación, la exigencia de elaborar un modelo de ciencia que junto con ser congruente con la practica real, al mismo tiempo, ofrezca una solución racionalmente consistente al problema de la demarcación, esto es: proporcione un criterio para dirimir cuando se está en presencia de una teoría científica y cuando es sólo pseudociencia. 


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Última modificación: 13 de enero de 2013
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